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“La chica del tren”, Paula Hawkins

La chica del trenTítulo: La chica del tren

Autor: Paula Hawkins

Editorial: Planeta

Número de páginas: 489

Año de publicación: 2015

La frase: “Me gustaba mi trabajo, pero no tenía una carrera especialmente brillante y, aunque la hubiera tenido, la realidad es que a las mujeres todavía se las valora únicamente por dos cosas: su aspecto y su papel como madres. ¿En qué me convierte eso? En alguien inútil.

Valoración:

estrellas

Sinopsis

¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso? Rachel, sí.

Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece?

Tú no la conoces. Ella a ti, sí.

Reseña

Rachel se encuentra, como todos los días, en el tren lento con dirección a Londres. Aunque hace unos meses, su finalidad para encontrarse siempre en el vagón D era diferente, la joven recorre en su asiento las vías ferroviarias a las 8:04 de la mañana y a las 17:56 de la tarde, de vuelta a casa, la casa de su compañera Cathy. El dúplex de su casera la acogió cuando su matrimonio con Tom terminó hace dos años debido a la infidelidad de éste con Anna. Rachel no puede tener hijos, por lo que, aún casada, cayó en depresión y se dio a la bebida. Años después, la joven es una alcohólica que aún no ha olvidado a su antiguo compañero de vida y que, además, ha perdido su empleo por asistir ebria a la empresa. A pesar de esto, sigue haciendo ver a Cathy que continúa en el trabajo cogiendo siempre los mismos trenes.

Le gusta viajar, observar, contemplar. Se pasa los segundos, los minutos y las horas imaginando vidas ajenas. Aprovecha el semáforo en rojo y la parada del tren. Todos los días gira su rostro para ver a la feliz pareja del número 15 de Blenheim Roam. Conoce la calle. Era su calle. La de Tom también. Su número era el 23. Desde su posición ha ido viendo cómo sus cortinas cambiaban por otras con motivos infantiles. Anna se quedó embarazada cuando el marido aún fingía amar a su pareja. Pero las tragedias parecen haberse quedado en ese edificio. En el número 15, Jess y Jason (nombres inventados por la joven, ya que no vivían en esa calle cuando Rachel sí lo hacía) disfrutan su amor en privado, sin ser conscientes de que alguien los vigila cada día. J. & J. son todo lo que ella quiere y desea ser.

Todo cambia cuando la chica del tren ve desde su ventanilla a Jess con otro hombre. La decepción la siente como propia. Por ello, decide hacer una excursión a Blenheim Road para visitar a Jason y, por qué no, a Tom, el sábado 13 de julio. En el vagón, conoce a un hombre pelirrojo extraño. Cuando a la mañana siguiente Rachel se despierta en su cama, encuentra su pelo manchado de sangre, además de tener un corte en el labio y varios moratones en las piernas. No recuerda nada de lo ocurrido. Es algo recurrente. Tom siempre se lo reprochaba. Cada vez que bebía, realizaba actos violentos por los que tenía que pedir perdón sin saber lo acontecido. Lo único que encuentra en el móvil son varios mensajes de voz de Tom  pidiéndole que deje en paz a su familia. Anna teme por su vida y por la de su pequeña tras un allanamiento de morada de la chica. Un allanamiento en su propia casa.

De repente, Jess copa todas las portadas de los periódicos nacionales. Los canales de televisión pasan sin cesar su imagen. Ya no es Jess, es Megan. Por fin puede ponerle nombre. La esposa infiel ha desaparecido. Megan discutió con Scott (Jason) y, tras su huida, nada se ha vuelto a saber de ella. Con los nervios a flor de piel, Rachel baja en Witney tratando de recordar algo sobre la noche que pasó allí. De pronto, en el paso subterráneo, le asalta un recuerdo. ¿Le había dado alguien una paliza? ¿Había hecho ella algo malo? ¿Tiene algo que ver con la desaparición de la mujer de Scott? Decide enviar un email al aturdido esposo, consultor informático autónomo. Un email y otro más. Finalmente, el hombre accede a hablar con la desconocida que afirma tener información confidencial de su esposa. Bajo la mentira de ser una vieja amiga de Megan de la galería de arte, logra entrar en la casa del número 15, la cual desprende un olor antiséptico sospechoso. Y se lo cuenta. Así, a bocajarro. Está convencida de que su mujer tiene un amante. ¿Habrá huido con él? ¿Correrá peligro?

Opinión

Paralela a la historia de Rachel, la inestable alcohólica, se nos presenta, también en primera persona, la vida de Megan y de Anna. Las tres protagonistas intercalan sus testimonios y sus pensamientos más oscuros. Los personajes son planos, la historia más. Una mujer enganchada a la bebida que tiene grandes vacíos de memoria. Sin trabajo, sin hogar propio, continúa enamorada de su ex a pesar de la traición y no cesa de contactar con él, lo que enerva los nervios de la actual pareja. Los típicos mensajes de despecho en noches (y mañanas y tardes) de borrachera. Un marido enamorado y lleno de simpatía que pierde los nervios con regularidad ante la ausencia de su mujer, además de ser el principal sospechoso de la policía. Un cuerpo policial que, ¡oh, sorpresa! se deja guiar por sus instintos. ¡Bingo! Una policía que parece ser un muro infranqueable, sin sentimientos, complicando con su fallida intuición la resolución del drama. Situaciones matrimoniales insostenibles que acaban siempre con la aparición de una tercera persona. Una desaparición. Sexo indebido e indecente. Y unos medios de comunicación que informan, comentan e inventan. ¿Es que nadie vota por la verdad en esta novela?

Narración simple, directa, incluso infantil. Estructurada en días y en relatos en primera persona de tres mujeres. Viajes en tren y en la línea del tiempo. El día a día de Megan desde el pasado, llena de vitalidad y de secretos se mezclan con la dura lucha de Rachel en el presente contra el alcohol y su noche olvidada.

Una novela que, a pesar de la gran acogida, me ha resultado decepcionante. La historia se torna repetitiva y llega a aburrir. Lo único que hace continuar leyendo es saber qué le ha ocurrido a la desaparecida y quién es el culpable. Comparan a “La chica del tren” con “Perdida“, de Gillian Flynn. No hagan eso. Son obras totalmente opuestas.

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11 comentarios sobre ““La chica del tren”, Paula Hawkins

  1. Me pasó algo parecido. Le dieron tanto bombo, que al final se te queda cara de tonto/a, pensando “¿Y esto era todo?”. Aclaro, sin embargo, que esta novela me pareció totalmente inofensiva, cosa que no me sucedió con “Perdida”.

    Le gusta a 1 persona

      1. En general, no. Creo que es porque el personaje principal me pareció repugnante moralmente, y me indignó el tono jocoso con el que se narraba la historia. Y eso que la novela anterior de esa autora sí me gustó.

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