Periodismo·Sin categoría

Entrevista a Alberto Guaita Tello, autor de Los ojos del mar: “África ha sido lo mejor que me ha ocurrido. Fue como ir al ‘Nunca Jamás’ de J. M. Barrie o al ‘Fantasía’ de Ende”

De las misiones que realizaban sus padres en Camerún, a la Comunidad Valenciana. De ahí, a las montañas de Cantabria. De una gran pila de vivencias, sueños y deseos, al éxito. Alberto Guaita Tello (Zaragoza, 1976) nunca se pudo imaginar la gran acogida que está teniendo su novela Los ojos del mar, una obra donde la cultura africana se entremezcla con la fantasía. Su primer recuerdo literario es gracias a un cómic de Los Cuatro Fantásticos. Autodefinido como un diletante incurable en cuanto a intereses se refiere, destaca entre ellas la cocina. Con dos proyectos en la recámara, el zaragozano nos abre las puertas de su vida y nos cuenta cómo está viviendo la acogida de su libro, su experiencia en el continente africano y algunos de los secretos que encierra su obra.

P. ¿Quién es Alberto Guaita Tello?

R. Un niño introvertido que se ha ido haciendo mayor y extrovertido por fuera.

P. Tu primera novela, Los ojos del mar, se ha convertido en un éxito de ventas. En tus palabras, ¿qué va a encontrar el lector si decide sumergirse en ella?

R. Es curioso; de momento, han encontrado más cosas de las que imaginaba al escribirla. Pensaba que encontrarían sobre todo aventuras, fantasía y varias grandes historias de amor. Sin embargo, los lectores me dicen que encuentran también lealtad, mucha intriga y que quedan fascinados por las tradiciones y el entorno de esa región de África.

P. Tus páginas navegan entre la cultura africana y la fantasía de otros mundos. ¿Ha sido difícil hacer converger ambas ideas?

R. La verdad es que menos de lo que podría parecer. Para muchos de nosotros, cualquiera de las múltiples y riquísimas culturas africanas son de otro mundo. Lo difícil fue intentar darle el mismo nivel de detalle tanto a los lugares de Camerún que aparecen, como a los del planeta de donde proviene uno de los protagonistas. Espero haberlo conseguido.

P. La protagonista de la obra, Fanya, es una joven criada por su abuela. Cierto día, un ser de otro mundo cambia su vida. Aunque no pertenece al género romántico ni mucho menos, ¿dirías que el amor es el pilar principal de la novela?

R. El amor, por su existencia, en cualquiera de sus formas, o incluso por su ausencia, es, en el fondo, el motor de todas las historias que contamos y de la propia vida. Sí, es cierto, que el amor es lo que mueve a la mayoría de mis personajes; amor no siempre romántico, pero siempre amor: o por los demás o por sí mismos.

P. Curanderas, brujos, magia… incluso las descripciones de los lugares que realizas son extraordinarias. ¿Qué experiencias te aportó tu vida en África y se ven reflejadas en esta novela?

R. Muchas gracias. Temía un poco haberme pasado al bajar tanto al detalle en ocasiones. Cuento muchas cosas tal y como las recuerdo de niño. África fue lo mejor que me había ocurrido. Fue como ir al Nunca Jamas de James M. Barrie o al Fantasía de Michael Ende. Pasar de conocer solo los grises, a descubrir toda la paleta de colores de la creación. Muchas de las cosas que cuento contienen gran parte de realidad; otras, provienen de las leyendas que me contaron. Me cambió la vida, pero también aprendí, quizá demasiado pronto, que detrás de tanta belleza se podía esconder el horror, la enfermedad y la muerte.

P. ¿Podrías contarnos algún secreto de los personajes? ¿Puedes hablarnos de una joven de ojos verdes?

R. En mi cabeza suelen tener el aspecto de gente a la que conocí, a menudo de buenos amigos que ya no están. En mi caso, primero nace el personaje, sus circunstancias y su entorno; luego, lo cierto, es que los argumentos se desarrollan casi solos en mi cabeza.

A la joven de ojos verdes y a su hermano los vi fugazmente en un viaje con mis padres. Narro parcialmente este episodio en mi novela, a modo de pequeño homenaje a mi familia. Pasé años intentando imaginar de dónde podía provenir una mirada tan hechizante, tan profunda, bella y triste a la vez.

P. A los 37 comenzaste a escribir aquellas historias que, durante años, poblaron tu cabeza. ¿En qué momento sentiste esa necesidad de empezar a redactar y dejar atrás tus miedos?

R. Pues es curioso, ya que hace poco que caí en cuál fue el empujón definitivo para ponerme a escribir. Cuando mi padre se jubiló, mi hermana tuvo la brillante idea de hacerle una especie de álbum en el que recopilásemos fotos, historias y algunas aventuras que pasó junto a nosotros y a nuestra madre. La idea era que, cada uno de sus cuatro hijos, escribiésemos algo sobre su vida; y a mí se me ocurrió escribir un pequeño relato que iba desde su niñez hasta sus primeros años en África. Cuando lo terminé, necesitaba seguir escribiendo; no podía parar.

P. Tu incursión en la literatura vino de la mano de un cómic de Los Cuatro Fantásticos, cuando aún no sabías leer. ¿Qué papel han desempeñado las obras gráficas en tu desarrollo?

R. Me gustan muchísimo. Utilizar imágenes para narrar una historia la dota de una gran fuerza. Fueron con los que aprendí a leer. Resultaba que lo de ‘la “m” con la “a”, “ma”’ que hacíamos en clase, no me motivaba demasiado. El último cómic que he leído ha sido Superman, Red Son. Me releo Watchmen todos los años.

Aprovecho para despotricar un poco del sistema educativo: me sorprendo de que, a pesar de él, siga habiendo gente a la que le guste leer y sea capaz de razonar por sí misma. Creo que es porque, por fortuna, todavía hay buenos profesores que capean al sistema como pueden y enseñan a sus alumnos a pensar.

P. De los siete a los quince años viviste en África debido a las misiones que tus padres realizaban en Camerún. ¿Cómo fue la adaptación cuando llegaste a ese nuevo mundo? ¿Ayudabas a tus padres?

R. Sorprendentemente fácil; me sentí en casa de inmediato. Por primera vez, me aceptaban y me demostraban afecto los niños de mi edad. Antes, era algo que solo encontraba en mi familia o en su círculo más cercano. No creo que al revés, un niño camerunés hubiese sido aceptado tan deprisa en Occidente, debido a nuestros prejuicios. Tenemos mucho que aprender de esto. Hasta que no eres parte de una minoría, es difícil de entender. Y sí, ayudaba a mis padres en lo que podía; creo que les ayudábamos los cuatro simplemente jugando y relacionándonos con normalidad con todo el mundo. Siempre estuvieron en contra de vivir apartados, encerrados en las misiones, de no convivir con las personas del lugar al que iban.

P. Sin duda alguna, tu experiencia ha marcado tu creación. ¿Cómo fue tu estancia allí?

R. Fue feliz e intensa, pero también perturbadora cuando me di cuenta de lo fácil que es que gente a la que quieres muera. Aprendes que la muerte es algo habitual —aquí a veces creemos que la parca no nos alcanzará jamás—, que cada minuto que disfrutas de algo, por banal que sea y, sobre todo, cada instante que pasas con los que amas, que dedicas a hacer el bien, son cruciales.

P. Eres el mayor de cuatro hermanos, a los que has tenido que, prácticamente, criar y ayudar. Supongo, que tu madurez vino de una forma más rápida que en otros niños. ¿Cómo fue vivir con ellos en el continente africano?

R. Fue aprender a tener mil ojos -sonríe-. La madurez viene cuando no te queda otra; es una buena razón para no sobreproteger a los niños. Disfrutamos mucho juntos pero, había ocasiones, cuando me metía solo durante horas en la selva, que tenía que despistarlos para que no me siguieran.

P. Tus historias crecen durante el amanecer. ¿Podrías explicarnos cuál es tu proceso de creación?

R. Generalmente, me acuesto con una idea, con una situación en concreto de la novela en la cabeza. Al despertar, suele haberse desarrollado, a veces hacia direcciones que no tenía planeadas. Con lo que hacen o dejan de hacer los personajes, me ocurre algo parecido. ¿Manías? Pocas, pero me gusta escribir siempre con el mismo teclado, en mi mesa, de espaldas a la ventana de mi salón. Para organizarme, tomo cientos de notas y las ordeno en carpetas.

P. Actualmente te encuentras inmerso en Duala, una novela negra del detective tribal Lion Ekanga, con gran trasfondo social y con tintes sobrenaturales. ¿Qué diferencias va a encontrar el lector respecto a tu primera novela?

R. Es más urbana, al menos en buena parte. El tipo de acción es distinto y la ciudad de Duala es un ente en sí mismo, una presencia poderosa.

P. Además de la anterior, publicarás Cuentos de la Zamina, una antología de quince historias infantiles en los bosques de Cantabria. ¿Supone un cambio muy drástico para ti pasar a escribir para niños y cambiando de registro?

R. Es que, en realidad, creo que solo escribo cuentos, solo que unos son más largos que otros y contienen elementos enfocados a un público más adulto. Es un formato distinto, más ágil, que necesita de menos detalle para funcionar que la novela. A lo mejor es porque los niños tienen más imaginación y solo necesitan un bosquejo sobre el que crear ellos lo que no has dibujado.

P. Tu objetivo es publicar una novela por año. ¿Qué te motiva a tomar esta decisión? ¿Tu proceso de creación toma períodos largos o al contrario?

R. Era por organizarme de alguna manera. Necesito un cierto orden para funcionar. En realidad, no tardo mucho en tener hilados los personajes, la historia, ni en tener la estructura de sus capítulos acabada. Realmente, Los ojos del mar nació y se escribió en unos tres o cuatro meses muy intensos. Duala va por el mismo camino, pero ha coincidido con un momento laboral digamos… complejo y que me está restando tiempo de escritura.

P. Cierto día, decides dejar atrás la Comunidad Valenciana y asentarte en las montañas de Cantabria, donde trabajas en una productora de audiovisuales. ¿Por qué este cambio tan drástico?

R. ¿Sabes eso que nos inculcan de que cuando nos jubilemos podremos vivir donde queramos? Pues resulta que es mentira. Hice un gran viaje con mi esposa y, como suele pasar cuando viajas, al volver, todo se nos antojaba más feo y pequeño de lo que recordábamos. Fue algo muy rápido. A las pocas semanas de regresar, buscamos una casa aislada. Gastamos todo lo que teníamos para comprarla y, al poco tiempo, nos marchamos hacia el norte. Llevamos aquí ocho años.

P. Uno de tus hobbies es la cocina. Cuéntanos cómo nació esa afición y alguna anécdota. ¿Qué más intereses pueblan tu día a día?

R. Nació de ver cocinar a mi abuela paterna en un colegio de Zaragoza, en el que era jefa de cocina.

La primera vez que, aún en África, intenté hacer una sopa de pescado, casi tenemos que mudarnos por lo apestoso del resultado. Se tardaron días y se necesitó lavar hasta las paredes de la cocina con lejía para solventarlo…

En cuanto a intereses, soy un diletante incurable: salto de una cosa a otra continuamente. Lo último fue aprender sobre la química de los sabores, y he estado intentando aprender a hacer injertos en frutales, al parecer con éxito.

P. Los ojos del mar, tu primera novela,fue autopublicada. Tras la gran acogida, Tagus aparece en tu vida. ¿Qué cambios has notado y cómo estás viviendo la experiencia?

R. La estoy disfrutando mucho; resulta que, lo de que lo que escribes sea del agrado de buena parte de los lectores es una satisfacción enorme, como cocinar y que le guste a tus comensales. Cambios, pequeños; la deliciosa vanidad de que la familia y los amigos te llamen escritor, responder en entrevistas a cuestiones que nunca te habías planteado sobre ti mismo y conocer a gente maravillosa en el sector.

P. ¿Qué consejo darías a los autores noveles?

R. Siempre doy el mismo: que escriban, que no paren de escribir. Que tengan claro que esto es complicado, sobre todo si pretendemos vivir de ello, pero que es una pasión, y a las pasiones o sucumbes y dejas que te arrastren o no; no hay medias tintas. Que se lean Mientras escribo, del maestro King.

P. Stephen King, J. R. R. Tolkien, Michael Ende, Isaac Asimov… ¿qué han supuesto en tu vida y qué te han enseñado, tanto personal como profesionalmente?

R. Todos ellos son o eran, ante todo, trabajadores incansables. Amaban lo que hacían y, sobre todo, han poseído una extraordinaria capacidad para soñar y, encima, saber contarlo. Michael Ende puso mi idea de la literatura patas arriba, arrancó de cuajo cualquier límite que pudiera ver yo en ella. Asimov era un moderno genio del renacimiento, destacaba en todo lo que hacía, cualquiera que fuera el género sobre el que escribía. Tolkien y King, aparte de ser dos maestros indiscutibles, comprendieron a la perfección las motivaciones humanas y cuáles son nuestras mayores luces y nuestros rincones más oscuros.

P. ¿Qué significa para ti La historia interminable?

R. El mayor viaje que un niño pueda emprender con un libro en la mano. He dicho en ocasiones que también escribo para ampliar humildemente el reino de Fantasía.

P. Gracias por crear algo maravilloso, por la confianza depositada en la persona que se encuentra detrás de este blog y por abrirte a los lectores. Ha sido un auténtico placer, Alberto.

LOS OJOS DEL MAR (EBOOK)  Comprar

Anuncios

6 comentarios sobre “Entrevista a Alberto Guaita Tello, autor de Los ojos del mar: “África ha sido lo mejor que me ha ocurrido. Fue como ir al ‘Nunca Jamás’ de J. M. Barrie o al ‘Fantasía’ de Ende”

  1. Gran consejo para los escritores noveles, y sobre todo, escribir por el mero gusto y satisfacción personal de hacerlo, sin grandes pretensiones. Si algo tiene que llegar, llegará. Fantástica, como siempre. Tú y la entrevista. Besitos

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s