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“Cinco esquinas”, Mario Vargas Llosa

Título: Cinco esquinas

Autor: Mario Vargas Llosa

Editorial: Alfaguara

Número de páginas: 314

Ano de publicación: 2016

La frase: “Porque sin la libertad de expresión y de crítica, el poder puede cometer todos los desafueros, crímenes y robos, como los que han ensombrecido nuestra historia reciente. Y por nuestro amor a la verdad y la justicia, valores por los que un periodista debe estar dispuesto a sacrificarlo todo, incluso la vida“.

Valoración:

estrellasSinopsis

«Él había pensado que, después de todo, un periodista puede ser a veces útil.” Y también peligroso”, concluyó. Tuvo el presentimiento de que nada bueno saldría de esta visita.»

«La idea de esta novela comenzó con una imagen de dos señoras amigas que, de pronto, una noche, de una manera impensada para ambas, viven una situación erótica. Luego se fue convirtiendo en una historia policial, casi un thriller, y el thriller se fue transformando en una especie de mural de la sociedad peruana en los últimos meses o semanas de la dictadura de Fujimori y Montesinos. Me gustó la idea de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en la que está situada la historia.

»Si hay un tema que permea, que impregna toda la historia, es el periodismo, el periodismo amarillo. La dictadura de Fujimori utilizó el periodismo amarillo, el periodismo de escándalo, como un arma política para desprestigiar y aniquilar moralmente a todos sus adversarios. Al mismo tiempo, también está la otra cara, cómo el periodismo, que puede ser algo vil y sucio, puede convertirse de pronto en un instrumento de liberación, de defensa moral y cívica de una sociedad. Esas dos caras del periodismo son uno de los temas centrales de Cinco esquinas»

Mario Vargas Llosa

Reseña

Su secretaria había estado tratando de ignorar sus persistentes llamadas. Insistentes intentos de contacto que, por fin, le habían valido de algo. Ahí se encontraba, de pie en su despacho, tendiéndole una de sus raquíticas manos a la espera de un contacto que nunca debería llegar a producirse. Andares de superioridad, una mirada huidiza y penetrante a la par, una voz chillona y autoritaria y una vestimenta que hacía daño a sus ojos. El polémico periodista del semanario Destapes, Rolando Garro, estaba en el despacho del ingeniero Enrique Cárdenas, con Lima a sus pies. El repudio que el empresario intentaba camuflar, pronto se vio entremezclado con brochazos de desconfianza, odio y desesperación. El sudor frío comenzó a perlar su frente cuando Garro le tendió una carpeta, un dossier que estaba a punto de cambiar la vida de Cárdenas.

Sus pasos lo llevaron, como cada día, a las calles colindantes del Hotel Mogollón, ese lugar de mala muerte que compartía con su inseparable compañero Serafín. Desde que, inesperadamente y a temprana edad, lo encontró tendido en su cama, sollozando, ambos se habían convertido en uña y carne. Juan Peineta, artista desterrado, y su querido gato caminaban por el centro de la ciudad hasta que se toparon con su destino: la iglesia. Así pasaba los días un hombre abandonado y con problemas de memoria que no cesaba de luchar por ver a aquel hombre que le destrozó la vida alejado de los medios de comunicación. Noche tras noche, antes de caer en un profundo sueño, su batalla continuaba. El anciano escribió, una vez más, una carta al programa radiofónico que daba voz a las impertinencias de un tal Rolando Garro.

Su camino al trabajo no estaba exento de peligros. Y, es que, el dinero que recibía a final de mes no le sacaba de Cinco Esquina, uno de los barrios más peligrosos de Lima. Carecía de formación, pero le avalaba la experiencia. Su valentía y desparpajo llevó a su actual jefe, su mentor, a contratarla sin la menor vacilación. Nació con vocación, con pasión por la profesión, con amor por la farándula. Julieta Leguizamón, alias La Retaquita, no dejaba títere con cabeza y, desde que Ceferino, el fotógrafo del periódico le había hecho partícipe de la turbia orgía de un famoso empresario dos años atrás, la joven ansiaba darle a Rolando Garro la historia de su vida.

Opinión

Como bien indica Vargas Llosa, la novela comienza cubriendo de vaho sus páginas. Dos mujeres casadas comparten lecho. Dos compañeras, dos amigas, dos confidentes, que deciden dar rienda suelta a su pasión. Poco después, un viaje a Miami sella sus bocas ante un secreto que podría hundir a sus correspondientes maridos. ¿Qué aportan estas escenas a Cinco esquinas? Erotismo, lascivia y morbo.

En una obra crítica con el periodismo amarillo, con el control de la prensa, con la falta de libertad de expresión y de opinión, ¿son realmente necesarias? No. Mario Vargas Llosa resta credibilidad a la situación peruana durante el régimen de Fujimori que trata de mostrar.

Un thriller -si acaso podemos tildarlo de ese nombre- bien pensado pero mal ejecutado. Un brutal asesinato que pone patas arriba a un barrio, a una redacción, a un país. Amenazas y extorsiones se entremezclan con un sinfín de personajes que pueblan el Perú de la década de los 90. Muertes y escándalos ocultados por los más poderosos. ¿Qué papel juega el periodismo en esta liga? ¿Estamos ante un oficio libre?

Cinco esquinas plasma una fuerte crítica a la situación periodística, especialmente la prensa amarilla, que todo profesional debería leer. Sin embargo, los escenarios y las acciones, así como la carga descriptiva de sus ciudadanos secundarios, hacen caer en picado los propósitos de Vargas Llosa. Si hay algo digno de estudio, eso es, sin duda alguna, uno de sus capítulos finales. La técnica de narración confusa, mezclada y unida, merece ser destacada por su valor.

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