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César Pérez Gellida, autor de “Sarna con gusto”: “Si uno deja en manos de terceros la forma de llegar al público, tanto el que ya tiene como el potencial, deja de tener el control de su obra”

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César Pérez Gellida. Foto: Carlos De Francisco

En apenas tres años, ya cuenta en el mercado con una trilogía (Versos, canciones y trocitos de carne), un libro independiente (Khimera) y dos novelas del que será su segundo trío (Refranes, canciones y rastros de sangre). Su característico estilo narrativo, con visión 360º de todos los personajes —un marcado carácter cinematográfico—, han llevado a la creación de un género nuevo que cada día gana más adeptos: el género Gellida.

César Pérez Gellida (Valladolid, 1974) es licenciado en Geografía e Historia y Máster en Dirección Comercial y Marketing. En 2011, decide abandonar su puesto de trabajo y trasladarse a Madrid con su familia, donde se centra más en la escritura. Actualmente en España —vive en Buenos Aires desde el pasado año—, el escritor de novela negra se encuentra de gira promocionando su obra Cuchillo de Palo.

En su haber, varios premios. Apasionado de la música, con Bunbury como máximo exponente, su proceso creativo pasa por un aislamiento peculiar: escribir con un secador encendido. Sin embargo, esta burbuja se pincha cuando de sus fans se trata.

P. En primer lugar, ¿quién es César Pérez Gellida?
Profesionalmente, un escritor que trata de vivir de su oficio.

P. Sarna con gusto es la primera entrega de una trilogía cuyo personaje principal ya cuenta con una precedente. ¿Qué significa para ti Ramiro Sancho?
R. Es más que un personaje. Sin duda alguna, Sancho ha trascendido del papel hace mucho tiempo. Compartimos ADN, pero él mantiene su propia personalidad.

P. Alrededor de un secuestro, se nos plantea una completa visión en 360º de todos los personajes que participan en él, tanto víctimas como verdugos. ¿Qué perfil fue el más complicado de crear?
R. El de Margarita, por muchos motivos, pero principalmente porque es una adolescente de quince e interpretar ese papel no es sencillo para un tipo de cuarenta. Al margen, recrear la situación en la que se encuentra, tan al límite y desesperada, requería un esfuerzo añadido.

P. En alguna ocasión has comentado que el lector no estaría preparado para conocer historias reales de secuestros de las que tuviste constancia en tu proceso de documentación. ¿Cómo afrontaste todos estos datos?
R. Lo que quise decir en aquel momento es que, muchas veces, la realidad no cabe en las páginas de una novela. Conocer casos reales me hace pensar: bueno, existen límites para las personas a la hora de hacer lo necesario por algo tan repugnante como es el dinero.

P. Apuestas por conocer de primera mano no solo historias de nuestro mundo, sino también lugares. De nuevo, Valladolid como escenario principal. ¿Qué importancia tiene para ti no dejar nunca un cabo suelto?
R. Lo es todo, y diría que más aún en el caso de la novela negra. La trama tiene que quedar perfectamente hilvanada. Al margen de aprender a escribir, hay que saber cómo contar historias; es justo en esta parte donde reside el secreto del éxito de cara a enganchar al lector.

P. Cuchillo de Palo parte de un nuevo retiro de Ramiro Sancho y prosigue la historia de La Congregación de los Hombres Puros. ¿Qué se va a encontrar el lector y cómo debe prepararse para afrontarlo?
R. Se van a encontrar un Sancho diferente como consecuencia de lo sucedido en Sarna con gusto. Es absolutamente reconocible, pero abandona su código rugbístico como eje de conducta. La trama también es distinta de lo que podría considerarse dentro de la ortodoxia de la novela negra, pero, igualmente, la novela es muy muy negra.

P. La defines como tu novela más psicológica. ¿Nos das una pista?
R. Sí. Digamos que la carga de investigación policial disminuye en pos de generar otros espacios en los que no había profundizado en otras novelas; esas partes oscuras del ser humano que todos tratamos de controlar pero que no siempre conseguimos hacer.

P. Khimera es una novela que poco tiene que ver con la novela negra. De corte futurista, nos presenta una sociedad en la que predomina una realidad no demasiado alentadora. ¿Qué reto supuso para ti alejarte del género?
R. Enorme. No sé si me he recuperado de aquello. De cualquier forma, como humano que soy, estoy condenado a regresar por los mismos caminos pedregosos por los que una vez juré no volver a transitar. Khimera es la pieza que une ambas trilogías, pero aún falta un engranaje más en el que estoy trabajando ahora y que espero no termine consumiendo mi escasa experiencia como escritor.

P. ¿Veremos en un futuro alguna nueva obra fantástica, romántica o histórica, por ejemplo?
R. Mi oficio es crear historias. Nunca digo que no a nada, pero me tiene que interesar, al margen de divertirme, en el proceso. Si alguna de esas dos premisas no se cumple, no abordo el proyecto. Esta es la gran ventaja de ser el que firma las novelas: poder elegir.

P. ¿Cómo es el día a día de César?
R. Complicado, como el de cualquiera. Me levanto muy pronto, sobre las cuatro o cinco de la mañana, y trabajo aproximadamente diez horas delante de este teclado. El resto del día se lo dedico a mi familia: a mi hijo, Hugo, y a mi chica, Olga. Hay días mejores y peores, pero lo bueno es que la noche siempre concede una oportunidad —si la necesitas—.

P. No solo dejas cachitos de tu alma en cada página, sino que además has realizado algún cameo literario. ¿Podríamos conocer al César más humano estudiando detenidamente sus obras?
R. Yo de humano tengo poco, creo. Los cameos están dirigidos a asegurarme un pequeño papel el día que consiga una adaptación cinematográfica.

P. ¿A qué se tuvo que enfrentar un novel Gellida con el primer manuscrito en sus manos?
R. Realmente, a nada, porque cuando estaba escribiendo Memento mori no me planteé que aquello podría ser susceptible de ser publicado. He tenido mucha suerte en este sentido, lo reconozco, porque el camino que han tenido que recorrer otros ha sido mucho más laberíntico que el mío —y eso que el mío no podría calificarlo como un camino de rosas—.

P. Licenciado en Geografía e Historia, tienes un Máster en Dirección Comercial y Marketing. Has ocupado diversos cargos en distintas empresas de este sector hasta 2011, momento en el que te trasladas a Madrid y te dedicas plenamente a la escritura. ¿Qué te motivó a luchar por ese sueño?
R. Una oportunidad por la que Olga y yo decidimos apostar para poder seguir juntos.

P. ¿Hicieron acto de presencia los miedos y las inquietudes?
R. No lo recuerdo. Supongo que inquietudes sí, pero miedo… El miedo es otra cosa bien distinta.

P. Llegó un momento en que, por cuestiones laborales, tuviste que cuidar a tu hijo de lunes a viernes lo que, sumado a problemas de insomnio, provocó el nacimiento de tu primera novela. ¿En algún momento llegaste a imaginar este éxito tras tu primera decisión de no sacarla a la luz?
R. No. Lo cierto es que, aunque valoro mucho eso que otros visten de éxito, es un maniquí que sigo mirando con cierta indiferencia. Lo único que me interesa es poder seguir publicando novelas.

P. Hace un año cruzaste el charco rumbo a Buenos Aires. ¿Cuáles son las principales diferencias que observas en el mundo editorial entre España y Argentina?
R. Contestar a eso requeriría un ensayo. Tenemos muchos aspectos que nos unen, tantos como los que nos diferencian, y quizá esa sea la buena noticia. Lo cierto es que estamos muy bien viviendo en Buenos Aires. Hemos conocido a gente maravillosa que se ha sumado a nuestras vidas, por lo que, solo eso, ya hace que haya merecido la pena.

P. Has ganado, entre otros, el Premio Piñón de Oro y el Racimo de Oro de Literatura de 2013. ¿Cuál es el primer pensamiento que cruza tu mente al recibir un premio de estas características y qué sentiste la primera vez que lograste uno?
R. Orgullo, supongo, pero dura unas horas: las que tardas en ponerte de nuevo frente al teclado.

P. Sin embargo, hay un reconocimiento que destaca sobre el resto: la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses. Teniendo en cuenta que tus obras se mueven en este ámbito, ¿significa para ti un trabajo bien hecho?
R. Desde luego. Sin anteponerlo a otros, este es verdaderamente importante porque implica el reconocimiento a esa labor que va más allá de lo literario.

P. Hay una persona muy importante que te ha ayudado a confeccionar tus creaciones. Cuando lo conociste, ¿llegaste a pensar que Urtzi, ostentando el cargo que ostenta, se fuera a abrir tanto a un desconocido?
R. Ha sido un proceso largo, una suerte de noviazgo cimentado en la admiración mutua y el respeto. Siempre he dicho que, sin su colaboración, no sé si mis novelas serían mejores o peores, pero de lo que sí estoy seguro es de que serían distintas.

P. Si hay algo que destaca por encima de todo es la dedicación a tus fans. Colas de hasta cinco horas en firmas, miles de seguidores en RR.SS… ¿Qué ha supuesto para ti esta acogida?
R. Es, quizá, la mejor parte de este oficio, o, si quieres, la más reconciliadora. Los escritores tenemos la mala fortuna de no tener contacto directo con los lectores, excepto en los contados actos públicos que protagonizamos. Solo el hecho de que asistan personas me hace sentir un profundo agradecimiento hacia ellos que trato de pagar estando a la altura de lo que merecen.

P. En contra de lo que se podría pensar de un escritor de gran renombre, pasas horas respondiendo a preguntas y comentarios de tus seguidores. Si damos un paseo por tu página web, podemos encontrar incluso cientos de enlaces a reseñas de blogs. ¿Héroes o villanos del mundo digital?
R. Los avances tecnológicos son una gran noticia siempre que estén orientados a facilitar la vida de las personas. Ir en contra es como escupir contra el viento: un acto poco inteligente.

P. Podemos pensar que, habiendo estudiado marketing, conoces la importancia de su aplicación en el mundo digital. ¿Cómo combinas la escritura con la promoción?
R. Yo lo considero parte del oficio. Si uno deja en manos de terceros la forma de llegar al público, tanto el que ya tiene como el potencial, deja de tener el control de su obra. Es como cuidar de tu hijo durante el embarazo y, cuando se produce al alumbramiento, dejarlo en manos de las comadronas —que lo van a tratar estupendamente, por supuesto, pero no como sus padres—.

P. ¿Resulta más sencillo cuando el marketing lo aplicamos sobre nosotros mismos?
R. No. Cuando el producto eres tú y tu obra, uno tiene que tener los pies muy afianzados en el suelo para que el ombligo no te confunda.

P. ¿Cómo es tu proceso de creación?
R. No sigo un proceso; solo escribo y me documento sobre la marcha en base a las necesidades que me voy encontrando, normalmente a través de expertos. Generalmente, escribo sobre una mesa lastimosa, casi indigna, pero es la que me ha acompañado en mil mudanzas y la adoro. Mi única manía, si se puede considerar así, es escribir con un secador enchufado para aislarme del exterior. El ruido y el aire construyen una burbuja en la que me encuentro muy feliz.

P. La música tiene un papel importante en tus obras. Además, has compuesto junto a Iván y Amaro Ferreiro tres canciones de la Banda Sonora de Versos, canciones y trocitos de carne. ¿Cómo afrontaste este nuevo reto?
R. Creo que ha sido lo más divertido que he hecho en mi vida a nivel creativo. Los Ferreiro son dos tipos espectaculares que me permitieron entrar en un mundo que desconocía. Y no solo eso; me dejaron jugar. Estoy en deuda con ellos, pero no sé si podré pagarla algún día.

P. ¿Recuerdas el primer libro que tuviste entre tus manos, tu primera incursión en la literatura?
R. Claro, eso nunca se olvida: un Asterix y Cleopatra; a partir de ahí, todos los publicados de la colección. Luego llegaron los Tintín, los Alatriste…

P. Como curiosidad personal, y permíteme el atrevimiento, ¿cómo es Enrique Bunbury en las distancias cortas?
R. Bunbury es mucho más Enrique que Bunbury. La primera vez que lo conocí en persona tuve que escribir un artículo sobre ello, ya que me sorprendió tanto que tenía que dejar constancia. Yo soy muy poco mitómano, excepto con Bunbury, a quien consideraba y considero mi padre musical. Lo que yo sentía escuchando Héroes del Silencio y lo que siento escuchando su carrera en solitario es complejo de explicar con palabras. Por eso, cuando hablamos como si no fuera aquel encuentro el primero, me enseñó algo que he aplicado en mi carrera profesional: la humildad.

P. ¿Qué ha significado para ti poder entablar contacto con personas a las que has admirado durante años?
R. Un incentivo que hace que todo merezca la pena.

P. Un consejo para los escritores noveles.
R. Que valoren si realmente quieren, desean o necesitan escribir; y, cuando despejen la duda, actúen en consecuencia.

P. Muchísimas gracias, César, por el tiempo dedicado y por crear historias tan increíbles. Páginas de Nieve te sigue muy de cerca.
R. Gracias a ti, un placer enorme.

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